La Bioespeleología: un mundo por descubrir

La Bioespeleología: un mundo por descubrir

lunes, 2 de noviembre de 2026

Ciencia en la Oscuridad (VI)

En septiembre de 2026 se celebró la 27.ª Conferencia Internacional de Biología Subterránea
Por Alberto Sendra, Susana Pallarés y Berta Caballero


Durante la segunda semana de septiembre tuvo lugar la 27.ª Conferencia Internacional de Biología Subterránea. El evento se celebró en un marco geográfico muy particular: la ciudad portuaria rumana de Mangalia, bañada por el mar Negro. La razón de esta elección reside en su proximidad a una de las cavidades más singulares conocidas: la Cueva de Movile.


Desde su descubrimiento, en 1986, esta cavidad despertó un excepcional interés científico por dos razones de peso. Por una parte, por su casi completo aislamiento del exterior durante unos 5,5 millones de años; por otra, por albergar, en sus oscuros espacios y aguas subterráneas, unos ecosistemas verdaderamente excepcionales. Se trata de una cueva cuyos ecosistemas están sustentados por microorganismos quimiolitótrofos, alimentados mediante reacciones de oxidación de compuestos reducidos de azufre. Estos microorganismos constituyen la base de una rica red trófica en la que participan numerosos invertebrados únicos.

La entrada a la Cueva de la Movile, abierta casualmente en 1986 por el ser humano, es claro testimonio de su vetusto aislamiento; hoy un eficaz cierre hermético protege su acceso. Fotografía de la colección del Emil Racoviţă Institute of Speleology.

Un olor fétido nos sorprende al entrar en la Cueva de la Movile. Tras descender veinte metros y atravesar doscientos metros más de galerías que nos conducirán al nivel freático del acuífero descubriremos su origen. Son aguas termales tóxicas, ricas en ácido sulfúrico, de ahí el olor a huevos podridos. Ello permite la proliferación de películas superficiales de bacterias quimiolitótrofas, una producción primaria base de un ecosistema independiente de la materia orgánica del exterior. En ella la respiración se hace imposible y el uso de equipos autónomos resulta necesario. Fotografía cortesía de Alexandra Hillebrand-Voiculescu.

Estos microorganismos de las aguas de la Cueva de la Movile permiten la vida de numerosos invertebrados cavernícolas, entre ellos, Nepa anophtalma es un voraz escorpión de agua similar a las otras cinco especies europeas del género –caracterizadas por sus patas anteriores prensiles y un sifón respiratorio terminal que conecta con la superficie para respirar–, que habitan las aguas superficiales; en especial Nepa cinerea con una amplia distribución que abarca la Iberia. Pero este escorpión de agua de la Cueva de la Movile es exclusivo, y adopta una despigmentación evidente y completa ausencia de ojos. Fotografía cortesía de Mihai Baciu.

A partir de su descubrimiento, la Cueva de Movile supuso —y supone— el Santo Grial de la bioespeleología mundial. Sin embargo, ya no constituye una rareza. En el último medio siglo se han dado a conocer otras cavidades excepcionales, con ricas comunidades de bacterias y arqueas que constituyen la base de productores primarios no fotosintéticos. En la Conferencia Internacional celebrada en septiembre, diversos autores mostraron la importancia biológica de este tipo de cavidades, presentes no solo en Rumanía, sino también en países como Albania, Hungría, Israel, Italia o Rusia.

La primera presentación del evento corrió a cargo del veterano bioespeleólogo Dr. Serban M. Sarbu, quien ha dedicado buena parte de su vida científica al estudio de los ecosistemas aislados de la Cueva de Movile. Este tipo de ecosistemas, caracterizados por su aislamiento del exterior y por depender de la producción primaria de microorganismos quimiolitótrofos, se encuentra en determinadas cavidades subterráneas, muchas de ellas de origen hipogénico. Estas cavidades se forman mediante procesos geológicos que actúan desde el subsuelo, a menudo asociados a la circulación de aguas profundas y a la disolución de la roca.

La primera jornada se desarrolló con 13 presentaciones orales centradas en las cavidades hipogénicas y sus ecosistemas, así como en la celebración del 40.º aniversario del descubrimiento de la Cueva de Movile.

En la segunda jornada, diversos autores presentaron comunicaciones orales y pósteres sobre la diversidad de la fauna terrestre y acuática subterránea. De esta sesión nos gustaría destacar la charla de Alejandro Martínez, quien, en coautoría con numerosos científicos y con una cobertura geográfica de gran amplitud, presentó un estudio basado en barcoding —la identificación de especies mediante un gen marcador ampliamente utilizado en los seres vivos— para descifrar los patrones a gran escala de la diversidad taxonómica y filogenética de las comunidades de fauna que habitan los intersticios de arenas y gravas bañadas por aguas subterráneas.

La tercera jornada comenzó con la sesión «Diversidad microbiana», en la que Martina Cappelletti nos introdujo en el complejo mundo de los microorganismos cavernícolas, tanto desde el punto de vista de su diversidad como de sus estrategias tróficas.

La siguiente sesión, «ADN y estudios genómicos», reunió cinco trabajos. Entre ellos destacó la contribución de los colegas del Museu de Ciències Naturals de Barcelona, encabezada por Berta Caballero. El estudio, desarrollado durante tres años y basado en múltiples taxones de invertebrados, mostró cómo la estructura y la diversidad genética responden al grado de dependencia de las especies respecto a los hábitats del subsuelo, contrastando especies generalistas con especialistas adaptadas a los ecosistemas subterráneos.

A continuación, se celebró la sesión «Evolución», en la que Meredith Protas y otros investigadores presentaron diversos trabajos sobre dos de las especies más utilizadas como modelos para estudiar la evolución de los caracteres adaptativos a la vida en la oscuridad: el crustáceo Asellus aquaticus y el pez Astyanax mexicanus.

En un encuentro bioespeleológico no podía faltar, dada la enorme relevancia mundial de los recursos de agua dulce subterránea, una sección dedicada a la «Ecología de las aguas subterráneas». La sesión comenzó con la destacada ponencia de Tiziana Di Lorenzo, quien hizo hincapié en la importancia de la gestión de los entornos que rodean las cavidades y en el impacto que las actividades humanas tienen sobre la calidad de las aguas subterráneas, de las que buena parte de la población mundial se abastece para beber o regar las tierras cultivadas.

Junto a estas intervenciones de bioespeleólogos, cabe destacar también las contribuciones de varios miembros del equipo de investigación liderado por David Sánchez-Fernández, de la Universidad de Murcia. Entre ellas, las de los estudiantes de doctorado Eva M.ª Marín y Jorge Plaza, quienes presentaron tres contribuciones sobre la tolerancia térmica de coleópteros troglobios, con el objetivo de predecir su respuesta al cambio climático.

Susana Pallarés, investigadora de la Universidad de Murcia, durante la presentación de su trabajo sobre la conservación de las cuevas en la Red Natura 2000.

La jornada se completó con otras ocho contribuciones sobre la distribución de las especies cavernícolas. Para finalizar, la quinta y última jornada de sesiones reunió 12 comunicaciones orales centradas en la conservación de los espacios subterráneos y su monitorización.

En esta última sesión, Susana Pallarés, también investigadora de la Universidad de Murcia, presentó, junto a un nutrido grupo de 30 autores, una iniciativa para evaluar el estado de conservación de las cuevas de la Red Natura 2000 mediante una evaluación independiente basada en el conocimiento de expertos. Para cerrar la sesión, Estel Blanch y David López-Bosch, investigadores del Museu de Ciències Naturals de Granollers, presentaron iniciativas de seguimiento a largo plazo de murciélagos cavernícolas y sus refugios. Estos proyectos están orientados a evaluar los efectos del cambio climático y establecer prioridades de conservación mediante herramientas de monitorización y análisis de datos.

A continuación, tuvo lugar la asamblea de socios de la sociedad internacional organizadora y la conmemoración de dos figuras muy destacadas de la biología subterránea, que asistieron personalmente al evento: el profesor Dr. William R. Jeffery, de la Universidad de Maryland, y el Dr. Thomas M. Iliffe, profesor emérito de la Universidad de Texas.

William R. Jeffery es una figura fundamental de la biología evolutiva del desarrollo y un referente reconocido internacionalmente. Sus investigaciones han contribuido a convertir al pez cavernícola ciego (Astyanax mexicanus) en uno de los principales modelos biológicos para estudiar cómo evolucionan los organismos a nivel genético y embrionario.

A lo largo de más de 40 años de carrera, las investigaciones del Dr. Thomas M. Iliffe han transformado nuestra comprensión de la biodiversidad, la evolución y la biogeografía de los crustáceos que habitan en cuevas anquihalinas, es decir, cavidades costeras inundadas que presentan capas de agua dulce y salada.

Pero ¿cuáles son las cifras? de estos cinco días repletos de actividad, con 74 comunicaciones orales y 30 pósteres, producidos por un total de 376 autores, aunque solo alrededor de un centenar acudió al evento de forma presencial.

Quizá esta cifra participación en un congreso internacional pueda resultarnos escasa, pero conviene recordar que la bioespeleología sigue siendo una disciplina de gran interés científico en aspectos tanto teóricos como aplicados. Los avances presentados durante el encuentro demuestran que aún queda mucho por descubrir. Las numerosas y variadas contribuciones presentadas reflejan el dinamismo de una comunidad científica dedicada al estudio de unos ecosistemas esenciales para los ciclos de nutrientes y el mantenimiento de las aguas subterráneas. Su importancia ambiental y su extraordinaria biodiversidad merecen, sin duda, un mayor reconocimiento en el ámbito de la conservación.


Referencias

Sendra, A & Beltrán, M.D. 2023. Ecosistemas de las cuevas y su fauna, págs 89‒171. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s

Foto de grupo de los participantes en el congreso internacional de biología subterránea celebrado en Mangalia (Rumanía).


jueves, 15 de octubre de 2026

Ciencia en la Oscuridad (V)

Nuevos animales zancudos −opiliones− descubiertos en cuevas de la Cornisa Cantábrica
Por Alberto Sendra


Tres extraordinarios hallazgos vuelven a sorprendernos y nos demuestran la elevada riqueza de la biodiversidad escondida en el subsuelo ibérico, en sus cuevas y simas. En esta ocasión se trata de tres nuevas especies de artrópodos del orden de los opiliones, caracterizados por sus largas patas. Su nombre, Opiliones, procede del latín opilio, término que hacía referencia a los pastores de ovejas que, antiguamente, utilizaban largos zancos en algunas regiones pantanosas para favorecer la observación de sus rebaños. Tener patas largas ayuda a los opiliones a desplazarse sobre superficies irregulares.

Los opiliones son verdaderos expertos en elevarse sobre el terreno y, de este modo, visualizar mejor a sus pequeñas presas. Las capturan con sus quelíceros, unos apéndices articulados en tres artejos que rodean la boca. La presencia de quelíceros es característica de arañas, escorpiones, pseudoescorpiones, ácaros, palpígrados, entre otros grupos, que portan estos apéndices, provistos de unas pinzas terminales con las que pueden trocear o manipular el alimento.

En el caso de los opiliones, a diferencia de otros quelicerados como, por ejemplo, las arañas, los quelíceros no están asociados a glándulas de veneno. Junto a ellos encontramos otros apéndices largos y multiarticulados, denominados pedipalpos, que también desempeñan un papel importante en la alimentación.


Arriba vemos a Ischyropsalis noltei residente en cavidades de los Montes Vascos. Está alimentándose de un resto orgánico que no duda en degustar a pesar de sus tendencias de cazador de presas. Sus largos pedipalpos acabados en fuertes pinzas sujetan este pedazo de comida para que los quelíceros, que apenas vemos, la troceen llevando pequeñas porciones a la boca. Fotografía tomada en la cavidad de Azunkorta, Zigoitia en Álava cortesía de Iñigo Gómez de Segura Buesa. Sin embargo, abajo, otro Ischyropsalis se comporta como un depredador, devorando un isópodo oniscoide del género Androniscus. Fotografía cortesía de Teo Delić.

Las nuevas especies de opiliones descritas pertenecen en su totalidad al género Ischyropsalis que se extiende a lo largo de Europa Central y Meridional, aunque queda reducido a una o sola especie en los Pirineos y 16 especies reconocidas en la Cordillera Cantábrica. Este género se distingue por sus robustos quelíceros, que llaman la atención al verlos, y algo de pavor cuando los utilizan para devorar sus alimentos.

El descubrimiento de estos tres nuevos taxones, todos ellos pertenecientes al género Ischyropsalis, ha sido llevado a cabo por un equipo formado por siete investigadores: Ricardo López, Esteban Pascual, Lucía Labrada, Carlos G. Luque, Eduardo Cires, Andrés Arias y Claudia González, pertenecientes a la Universidad de Oviedo, el IES Avelina Balladares, el Grupo Impress de Gestión de Patrimonio Biospeleológico, el Institute of Natural Resources and Territorial Planning (IDUROT) y el Royal Botanic Garden.

Entre ellos, queremos destacar especialmente a nuestros compañeros en bioespeleología Carlos y Lucía, por su labor continuada durante las últimas décadas en el conocimiento y la divulgación de la fauna cavernícola cántabro-asturiana.

Ortofoto de la Cueva La Baja (Laredo, Cantabria) sobre mapa de Google Earth, donde habita Ischyropsalis impressa n. sp. que figura en este montaje de imágenes, tomado del trabajo publicado por Ricardo López y el resto del equipo.

Ortofoto de las cuevas de Hoyo de las Fuentes y La Pasada (Guriezo, Cantabria) sobre mapa de Google Earth, donde habita Ischyropsalis aguerana n. sp. que figura en este montaje de imágenes, tomado del trabajo publicado por Ricardo López y el resto del equipo.

Ischyropsalis cantabrica, un interesante opilión endémico de Cantabria que solo se conoce del medio subterráneo profundo de los montes de la Barbecha, Udías, Oreña y El Portillo (este último en el límite entre Comillas y Ruiloba). Foto: Luis Tosal 

El trabajo del equipo realizado permitió una concienzuda identificación taxonómica de las tres especies mediante la descripción morfológica, como vemos en las ilustraciones, basada en particular en la forma y revestimiento del extremo distal del primer artejo de los quelíceros y la pare distal del pene u órgano copulador de los machos.

Mapa de distribución de (A) Ischyropsalis cantábrica, (B) Ischyropsalis impressa n.sp., (C) Ischyropsalis aguerana n. sp. y, (D) Ischyropsalis gigantea. Hacia abajo, las articulaciones entre los artejos basal y medial del quelícero, y extremo distal de los órganos copuladores en cada una de las especies referidas en el mapa. Tomado del trabajo publicado por Ricardo López y el resto del equipo.

Pero también ha tenido una parte esencial en este trabajo la caracterización molecular, mediante la comparación de la ordenación de los nucleótidos —adenina, guanina, citosina y timina, las cuatro bases que conforman las cadenas de ADN— y, por supuesto, de los genes que fueron secuenciados, es decir, dos fragmentos de ADN cuyo orden de nucleótidos se examinó. Estos genes formaban parte tanto del ADN de las mitocondrias, el COI, como del ADN nuclear, el EF1-α.

La comparación del orden de estas bases ha permitido confirmar las observaciones morfológicas y, por tanto, la validez de las especies propuestas. Pero, además, ha permitido establecer relaciones filogenéticas, es decir, relaciones de parentesco, entre buena parte de las especies del género Ischyropsalis presentes en la región asturiano-cantábrica.

En esta ocasión, los opiliones nos han mostrado que la fauna cavernícola seguirá dándonos grandes sorpresas. Sin embargo, estas no serán las últimas: cada año se descubren nuevas cuevas y se exploran decenas de kilómetros más de galerías. La búsqueda y el conocimiento de su fauna siguen siendo, por tanto, una asignatura siempre pendiente.


Referencias

López-Alonso R., Pascual-Parra E., Labrada L., Luque C.G., Cires E., Arias A. & González-Toral C. 2026. Unravelling the phylogenetic complexities of Ischyropsalis (Opiliones: Dyspnoi: Ischyropsalididae) in the North Iberian Peninsula, with the description of three new species. European Journal of Taxonomy 1104: 1–35. https://doi.org/10.5852/ejt.2026.1104.3336

Prieto, C. 2023. OPILIONES, cazadores zancudos, págs 257‒269. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”:




miércoles, 7 de octubre de 2026

Ciencia en la Oscuridad (IV)

Dos nuevas contribuciones vuelven a revelar la importancia del Medio Subterráneo Superficial en el descubrimiento de una biodiversidad escondida
Por Alberto Sendra y Toni Pérez Fernández


Desde hace una década, un hábitat escasamente conocido ha irrumpido en el escenario biológico. Nos referimos al conocido como Medio Subterráneo Superficial (MSS). En consecuencia, se han publicado numerosos trabajos sobre la fauna de este medio y, recientemente, han visto la luz dos nuevas contribuciones de nuestros compañeros Vicente Ortuño, Javier Fresneda, José María Salgado, José Domingo Gilgado y Óscar Arribas.

Se trata de los trabajos "A new species of Trechus Clairville, 1806 (Coleoptera: Carabidae: Trechinae) from the Mesovoid Shallow Substratum of the Cantabrian Mountains (Northern Iberian Peninsula)", publicado en la revista Annales de la Société entomologique de France; y "Leonesiella tetratriches sp. nov. from the Cantabrian Mountains (León, Spain)—first species of Cantabrian Leptodirini found in mesovoid shallow substratum (MSS) (Coleoptera, Leiodidae, Cholevinae, Leptodirini)", publicado en la revista Zootaxa.

Estos dos trabajos han supuesto la descripción de sendas nuevas especies de insectos del orden Coleoptera para la Ciencia, descubiertas en el revelador hábitat del Medio Subterráneo Superficial.


En el primer trabajo mencionado, Ortuño, Arribas y Gilgado descubren a Trechus paragloriensis, un pequeño carábido de apenas medio centímetro de longitud corporal, al que realizan un detallado estudio biométrico que compara, mediante potentes análisis estadísticos, los valores métricos de su anatomía corporal con los de su especie afín, Trechus gloriensis.

Arriba, habitus (aspecto general del ejemplar completo o su silueta) de los coleópteros carábidos: A. de Trechus gloriensis y B, C, D. de Trechus paragloriensis en diferentes localidades.
Abajo, edeago (órgano copulador del macho) en vista lateral de los coleópteros carábidos: E, Trechus gloriensis, y F, G y H de Trechus paragloriensis, en diferentes localidades.

Distribución de losdos coleópteros carábidos estudiados: Trechus gloriensis y Trechus paragloriensis estudiados en cuatro localidades entre los pasos de montaña entre la meseta y la cornisa cantábricas, entre los puetos de San Glorio y Piedrasluengas.

En la segunda contribución, Fresneda, Ortuño, Arribas y Salgado realizan una minuciosa descripción del leiódido leptodirino Leonesiella tetratriches, del grupo Quaestus, incluyendo en ella rasgos morfológicos de la armadura genital y comparándola con su especie próxima, Leonesiella bergidi, la única especie conocida hasta ahora del género.

Habitus (aspecto general del ejemplar completo o su silueta) de los coleópteros leiódidos: 1. Leonesiella tetratriches y 2. Leonesiella bergidi.

Edeago (órgano copulador del macho) de los coleópteros leiódidos, en vista frontal acompañado de dibujos donde se remarcan los detalles que lo diferencian: 1, 2 Leonesiella tetratriches, y 3, 4 Leonesiella bergidi.

Distribución de la especie original del género Leonesiella en el Cantábrico occidenal: Leonesiella bergidi y la nueva especie Leonesiella tetratriches.

Tanto este nuevo carábido Trechus paragloriensis como el leiódido Leonesiella tetratriches fueron hallados en los exhaustivos muestreos llevados a cabo por el profesor Vicente Ortuño y sus colaboradores más allegados durante los últimos años en el Medio Subterráneo Superficial de la Cornisa Cantábrica. Estas no fueron sus únicas áreas de estudio: también lo fueron el Prebético alicantino, Sierra Nevada o la Sierra de Guadarrama, en la Iberia, así como algunas regiones montañosas de Argentina.

Pero ¿dónde se halla este hábitat tan especial llamado MSS? Lo encontramos en lo que los edafólogos —los investigadores del suelo— conocen como horizonte pedregoso C, entre la roca madre dura y compacta y los horizontes disgregados (horizontes A y B), que se hallan entretejidos de raíces. Este horizonte C, cuando existe, está formado por una acumulación de rocas de diverso tamaño que generan espacios en el subsuelo. Así, al MSS, que se encuentra bajo la superficie, se le llama «subterráneo», pero, como no está a gran profundidad, se le califica de «superficial». Este MSS, o Medio Subterráneo Superficial, lo vemos en los conspicuos canchales pedregosos de algunas laderas de montaña, pero también bajo suelos recubiertos de vegetación. Aquí, entre sus espacios, a cierta profundidad, prospera una diversidad biológica, en muchas ocasiones desconocida.

Esta comunidad de investigadores de los hábitats subterráneos ha descrito decenas de nuevos taxones exclusivos del MSS. Entre ellos destacan multitud de coleópteros, como Trechus paragloriensis y Leonesiella tetratriches, numerosos colémbolos, diplópodos, insectos himenópteros o dípteros, entre otros artrópodos. Muchas de estas especies muestran cierto aspecto que las asemeja a las formas cavernícolas, con apéndices ligeramente alargados, o incluso se han hallado especies estrictamente troglobias. De hecho, las primeras descripciones de la fauna del MSS muestran esta cierta tendencia a presentarlo como una extensión de los ecosistemas cavernícolas. Incluso el MSS va más allá y también se extiende por litologías rocosas donde las cuevas no existen, debido a su carácter no karstificable. Este es el caso del MSS donde se hallan de Trechus paragloriensis y Leonesiella tetratriches.

La primera descripción del MSS como hábitat y de su fauna se remonta a 1987, gracias a los bioespeleólogos franceses Charles Gers y Christian Juberthie y al japonés Shun-Ichi Uéno. No obstante, solo recientemente los innovadores diseños de métodos de recolección desarrollados por los biólogos canarios Heriberto López y Pedro Oromí, basados en tubos perforados semipermanentes donde se instala una trampa temporal, han logrado mejorar el conocimiento de esta fauna, en buena parte escondida.

A la izquierda las trampas utilizadas para recolectar los coleópteros mencionados, una mejora de los diseñados por Heriberto López y Pedro Oromí en su estudios de la fauna del MSS en Canarias, entre materiales volcánicos. A la derecha colocación de una trampa en el interior de un canchal pedregoso.


Referencias

Javier Fresneda, Vicente M. Ortuño, Óscoa Arribas & José María Salgado. 2026. Leonesiella tetratriches sp. nov. from the Cantabrian Mountains (León, Spain)— first species of Cantabrian Leptodirini found in mesovoid shallow substratum (MSS) (Coleoptera, Leiodidae, Cholevinae, Leptodirini). Zootaxa 5757 (3): 261–270. https://doi.org/10.11646/zootaxa.5757.3.3

Vicente M. Ortuño, Oscar Arribas & José D. Gilgado (09 Sep 2026): A new species of Trechus Clairville, 1806 (Coleoptera: Carabidae: Trechinae) from the Mesovoid Shallow Substratum of the Cantabrian Mountains (Northern Iberian Peninsula), Annales de laSociété entomologique de France (N.S.), DOI: 10.1080/00379271.2026.2709340

Sendra, A & Beltrán, M.D. 2023. Ecosistemas de las cuevas y su fauna, págs 89‒171. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s

jueves, 17 de septiembre de 2026

Ciencia en la Oscuridad (III)

Una nueva especie de coleóptero leptodirino: los troglobios triunfadores
Por Alberto Sendra y Adrià Miralles-Núñez
Edición vídeo por Anatolio Tormos



En 2023, en la obra “Habitantes de la Oscuridad”, los prolijos bioespeleólogos, Javier Fresneda y José María Salgado, ambos reconocidos especialistas a nivel mundial de este diverso grupo de coleópteros, utilizaban el mismo subtítulo: “troglobios triunfadores” para el grupo zoológico de los leiódidos donde estos mismos autores incluyen una nueva especie acabada de publicar. Con trabajo publicado hace unos días y titulado “Speonomites montsecensis sp. n. de Serra del Montsec de Rúbies (Lleida, España) (Coleoptera, Leiodidae, Cholevinae, Leptodirini)”, Fresneda y Salgado describen con detalle maestro un nuevo taxón del Prepirineo de Lleida. Fue hallado “hace 36 años” en la sima conocida como Forat dels Diners, por Juli Serrano de la Sección de Investigaciones Espeleológicas del Centre Excursionista l’Àliga de Barcelona de la Serra del Montsec de Rúbies, única cavidad donde hasta ahora es conocido.

La familia de pequeños escarabajos leiódidos y en especial la tribu de los leptodirinos, al que pertenece, representa un grupo taxonómico de verdaderos triunfadores en los ecosistemas subterráneos. Una parte importante de las especies de esta tribu muestran marcadas adaptaciones a la vida cavernícola −en el argot bioespeleológico, son troglobios−. Además, la tribu leptodirinos se halla notablemente diversificada en buena parte de las regiones kársticas del norte de la cuenca mediterránea desde la península ibérica hasta Irán, con unos 250 géneros y subgéneros y algo más de 1340 especies y subespecies. La mayor parte de sus especies se conocen en exclusiva en el interior de cavidades, como sucede con Speonomites montsecensis, donde se encargan de consumir restos de materia orgánica −por los que se les considera detritívoros− o bien devoran los excrementos de otros animales −coprófagos− o cadáveres −necrófagos−. ¡Vaya, qué no son nada exquisitos! Eso hace que todos los leptodirinos sean buenos candidatos para colonizar las cuevas. ¡Mal lo tendrían si fueran fitófagos para vivir en un ambiente sin planta alguna! 


El nuevo taxón descrito por estos autores es uno de esos leptodirinos “triunfadores” que ocupan la zona profunda de las cavidades. No obstante, la morfología de Speonomites montsecensis no muestra formas y apéndices llamativamente alargados, como es habitual en muchos troglobios. Su cuerpo de poco más de dos milímetros y medio es ovalado, algo alargado, lo que le confiere una forma de nave, con antenas algo más cortas que la longitud del cuerpo. Esta morfología general, junto con la estructura copulatoria del macho lo asemejan a su vecino geográfico Speonomites velox, una especie conocida en varias cavidades de una pequeña área kárstica en el contacto entre la Serra de Comiols y el Montsec de Rúbies.

Vista dorsal del cuerpo de un (1) Speonomites montsecensis y de un (2) Speonomites velox.


De izquierda a derecha, el órgano copulador masculino (edeago) en vista dorsal y lateral de (1 y 3) Speonomites montsecensis y (2 y 4) de Speonomites velox. Tanto las espinas del saco interno de este edeago, que puedes ver en la parte central, como los estilos que el órgano lleva a ambos lados, y sus sedas finales muestran diferencias en estas dos especies vecinas. No cabe duda de que las diferencias en la ornamentación de estas estructuras reproductoras que participan en la introducción y transferencia de células espermáticas son clave en el aislamiento de poblaciones y, por tanto, de las especies a las que pertenecen. ¡Por tanto, son aspectos morfológicos que ayuda, sin duda, a reconocer la diversidad taxonómica!

Mapa de distribución de los leptodirinus cavernícolas de la Serra del Montsec de Rúbies (Lleida).

No cabe duda que este trabajo recién publicado contribuye al conocimiento de la diversidad de los coleópteros leptodirinos, pero al leer el apartado de discusión y examinar el mapa de distribución figurado en el artículo nos llaman la atención dos hechos. De una parte, la existencia en la misma cavidad, el Forat dels Diners, de dos especies más de leptodirinos (Troglocharinus hustachei y Stygiophyes puncticollis); y, de otra, la presencia de al menos seis especies cavernícolas de leptodirinus, las mencionadas y tres más (Speonomites aurouxi, Speonomites velox y Troglocharinus senenti), no lejos del Forat dels Diners y que, en conjunto, abarcan un área kárstica de unos cien kilómetros cuadrados. Ambos son argumentos contundentes que muestran el triunfo de estos leptodirinos en la ocupación del medio subterráneo en cuevas y simas. Unos hechos que se repiten en otras regiones kársticas donde se extienden los leptodirinos ibéricos.

Los estudios de los leptodirinos ibéricos se remontan a los inicios del conocimiento de la fauna cavernícola ibérica, a finales del siglo XIX, y los de la europea, a algunas décadas antes. Pese a esta dilatada trayectoria, como continuamente nos demuestran José María Salgado y Javier Fresneda, aún queda una rica diversidad de estos leptodirinos triunfadores por descubrir. Esperemos que ambos sigan haciéndolo en el futuro.

La especie que vemos en esta fotografía es Stygiophyes puncticollis y convive con Speonomites montsecensis, en el Forat dels Diners. No sabemos si podría ocupar otro microhábitat, si bien su cuerpo es claramente menos alargado. Esta fotografía de Adrià Miralles-Núñez se realizó en el Forat de l’Or (Serra del Montsec, Lleida).

Referencias

Fresneda, J. & Salgado, J.M. 2026. Speonomites montsecensis sp. n. de Serra del Montsec de Rúbies (Lleida, España) (Coleoptera, Leiodidae, Cholevinae, Leptodirini). Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 78 (2026): 84-89.

Salgado, J.M. & Fresneda, J. 2023. Coleópteros, insectos con estuche, págs 413‒470. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.

Enlace a la obra: “Habitantes de la Oscuridad”: https://www.youtube.com/watch?v=ZHIqnMgPiYE&t=9s

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Ciencia en la Oscuridad (II)

Nueva sorpresa en los ecosistemas subterráneos: cuatro nuevas especies de pseláfidos cavernícolas, los micro-coleópteros de la oscuridad
Por Alberto Sendra y Adrià Miralles-Núñez


Ha visto la luz un nuevo descubrimiento a cargo de nuestros compañeros, los bioespeleólogos Francisco Javier Sánchez y Pablo Barranco de la Universidad de Almería. Su trabajo titulado “New anophthalmous species of the genus Tychobythinus Ganglbauer, 1896 (Coleoptera: Staphylinidae: Pselaphinae) from southern Spain” y publicado en la prestigiosa revista de zoología, Zootaxa, da a conocer cuatro nuevas especies cavernícolas de escarabajos pseláfidos en cavidades andaluzas, donde no se conocían representantes de estos microdepredadores de los ecosistemas subterráneos.

Para quien no esté familiarizado con estas criaturas, se quedaría perplejo de su tamaño, ya que apenas superan el milímetro. Imaginaros el volumen ocupado por un grano de arroz, pues bien, en el mismo entrarían apretujados 50 ejemplares de estos pseláfidos descritos. En el mundo hay cerca de unas diez mil especies de este destacable grupo, algunas tan minúsculas que aún entrarían en ese grano 500 ejemplares de pseláfidos de medio milímetro de largo. Si hubiera algún “dios creador” en este mundo, seguro que nos habríamos sorprendido por su capacidad para crear estas miniaturas vivas, sin embargo, la naturaleza no es divina, cuenta con la selección natural para conseguirlo. Los pseláfidos no son los únicos enanos entre los artrópodos. Ácaros o colémbolos, por ejemplo, cuentan con especies tan pequeñas que los pseláfidos de las cuevas los pueden incluir en su dieta. En estas especies de las cuevas y de las simas, los ojos de estos seres están reducidos o faltan, las alas con las que podrían volar −el segundo para de alas en los coleópteros− están ausentes; los pigmentos que cubren el exoesqueleto del cuerpo desaparecen; y, sin embargo, las antenas y las patas se alargan multiplicando los sensores que les permiten desplazarse en la oscuridad. Estos patrones morfológicos de los pseláfidos cavernícolas se repiten en otros grupos de especies que se encuentran adaptados a esta vida sin luz total.

Habitus de las cuatro especies de pseláfidos descritas: (a) Tychobythinus eca Barranco & Sánchez-Camacho, 2026; (b) Tychobythinus mayorali Barranco & Sánchez-Camacho, 2026; (c) Tychobythinus lacilbulensis Barranco & Sánchez-Camacho, 2026; (d) Tychobythinus elvirensis Barranco & Sánchez-Camacho, 2026.

Francisco Javier y Pablo han contado con el apoyo de compañeros del equipo almeriense junto con grupos de espeleólogos andaluces para disponer de un nutrido elenco de especímenes procedentes de un total de cuatro cavidades localizadas en cuatro regiones kársticas separadas. Ello les ha permitido describir cuatro especies cavernícolas, todas del género Tychobythinus: T. eca del Complejo GEP del Karst en Yesos de Sorbas (Almería), T. mayorali de la Cueva La Corraliza en Sierra Gádor (Almería), T. lacilbulensis de la Cueva del Cacao en la Sierra Grazalema (Cádiz), y T. elvirensis de la Sima de la Higuereta en Sierra Elvira, Granada. Pero los autores no se quedan con las descripciones taxonómicas de cada especie, van más allá realizando una síntesis de caracteres y situación geográfica, organizadas en una extensa tabla, de las 110 especies y subespecies conocidas del género Tychobythinus.


Aún hoy día, espeleólogos y bioespeleólogos seguimos sorprendiéndonos de la riqueza del mundo subterráneo que con tanto tesón exploramos, quizás por ello somos consciente del gradual deterioro y total destrucción de estos hábitats del subsuelo profundo, por exploración intensiva del propio karst que lo soporta, contaminación de las aguas subterráneas que lo recorre o cambios graduales en las condiciones de su atmosfera. Un día os hablaremos en profundidad de todo ello. Pero, despidámonos en positivo, felicitando a Francisco Javier y Pablo por sus descubrimientos.

Referencias

Sánchez-Camacho F-J. & Barranco, P. 2026. New anophthalmous species of the genus Tychobythinus Ganglbauer, 1896 (Coleoptera: Staphylinidae: Pselaphinae) from southern Spain. Zootaxa 5866 (2): 201–230. https://doi.org/10.11646/zootaxa.5866.2.1

Salgado-Costas, J-M. & Fresneda-Gaspar J. 2023. Coleópteros, insectos con estuche. págs 413–470. En: Sendra A. (Coord.). 2023. Habitantes de la oscuridad: Fauna Ibero-balear de las cuevas. Sociedad Entomológica Aragonesa.